Octubre, muerte eterna, luna imposible y vida gris sin futuro. Tristeza en el día angelical del termino de la muerte, el vil sentimiento de los tensos falsos rayos de felicidad, cuando conscientemente se sabe que se es paupérrimo. Imposible no aceptar que la negación aceptada ha negado todo lo que hemos aceptado por bueno, y que culmina en octubre como tu razón para llorar, culmina con un brillante haz de lluvia, un relámpago de piedra tajante que describe mi nombre, separado ya del tuyo y todo lubricado de lágrimas insensibles a tus ojos.
Hidrofóbicos ojos café que algún día me amaron, hidrofobicos ojos café que algún día les he importado, hidrofobicos ojos café que miran hacia adelante demostrándome fortaleza y sueños rotos.
Es el frustrante sentimiento de sentir en tu mano el aire y sentirlo lluvia, es el frustrante sentimiento de tener el aleph y tener un pómes, insufrible y además raramente pesado, sobre mis hombros. Las orbes ígneas que nunca sangraron seguiran en mi retina y quizá no podre quitarlas ni con los mayores esfuerzos de mi vida, pero yo se que aunque los fríos sentimientos me arropen, yo seguiré siendo hidrofílicos ojos café que te siguen mirando.
Esperanza, de un color azul, tal como el humo, suave y con un tinte de color dolor, no expresable y de un color azul, tal como el humo, la abrazare con mis orbes sangrantes, y quizá, algún día, muera en tus brazos.
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