Humos blancos y celestes no solo inundan mi carne, también bailan felices e irónicos sobre mi aura, ya ennegrecida y un poco viscosa, flota triste sobre mi cabeza. Ese denso humo producto de la colisión de sentimientos y sensaciones, vive gracias al vibrar de mis pies y gracias al entrecerrar de mis ojos. Otra vez en el camino, siento que la felicidad es tan infinita, irreproducible en el papel, irreproducible como la soledad que a veces respiro, siempre por encima de mi aura, sintiendo mi malestar, mucho más adentro que una simple brisa. Ondas de música inundan mis huesos, haciendo cosquillas y poco a poco, sedimentando en mí, el pequeño sentimiento de esperanza.
Y la ráfaga de humareda ahora me atraviesa, llenándome de alegría, pero triste sé que es el final, quizás haya una música que pueda expresar la profundidad de mi expresar.
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